*Por Ramiro Cupido
Todavía me da vueltas en la
cabeza el partido que planteó el Tolo Gallego ante Gimnasia. No quiero pecar de
insolente, pero creo que el respeto al rival se transformó en mezquindad y
conformismo. Ojo, esto lo está escribiendo alguien que adora mucho al Tolo por
lo que significó como jugador y lo que significa como entrenador. Por las
tardes gloriosas que nos hizo vivir y las estrellas que bordó en nuestra
camiseta.
En primer lugar, es menester
aclarar que acá no voy a opinar de la táctica (que es la distribución del
equipo en la cancha). No me interesan los números de defensores ni de volantes,
ni cuántos delanteros pone ni en qué minutos. Acá voy a hablar de la
estrategia, que es el cómo el equipo se planta en la cancha para ir a buscar el
resultado. Y, a simple vista, creo que el Tolo respetó demasiado a un Gimnasia
de La Plata que, sin ofender, le pone actitud pero no se le cae una idea.
En un intento por descifrar la
cabeza de Gallego al plantear este partido, entiendo dos situaciones que pueden
haber influido: las derrotas pasadas en condición de visitante y lo difícil que
se le hace a este equipo de Newell’s revertir los malos resultados. Y remarco
esto último porque ahí radica mi intento de “justificar” el “amarretismo”: el
Tolo entendió que debía solidificar la zona defensiva porque, de visitante,
cuando Newell’s comienza perdiendo se le hace imposible empatarlo.
En este torneo, de visitante
empezó perdiendo sólo dos partidos: contra Belgrano y Arsenal, en las dos
peores producciones futbolísticas de este torneo. Eso no es casualidad, el Tolo
sabe más que nadie que cuando a Newell’s le meten un gol de visitante, le
cuesta horrores reencontrarse con el fútbol que, en ocasiones, genera en
condición de local. Y si queremos ampliar el espectro, en el Torneo Transición
2014, sin Gallego y con Raggio, cada vez que de visitante se comenzó 0-1, el
partido no se empató.
Ahora bien, luego de intentar
comprender los “por qué” del Tolo, queda la sensación de que si la Lepra iba al
frente desde el minuto cero, se quedaba con los tres puntos. Por jerarquía
individual y colectiva, Newell’s podía ganar el partido. Queda ese sabor
insulso de que faltaron minutos para ganarlo. No obstante, en realidad,
sobraron minutos en los que se pensó que no se tenía que quebrar el arco propio.
Si se buscaba, se ganaba. Y está claro que no
hacía falta ser el Ajax de Van Gaal para lograrlo.

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